por Luis Giménez San Miguel
Representantes de los partidos de izquierda del Magreb y Europa
acuden a la cuna de la Primavera Árabe para participar en el Foro
Mediterráneo contra la Deuda y apoyar al Frente Popular, donde se han
agrupado 12 partidos progresistas para oponerse al Gobierno islamista
Después de la primavera de 2011 y la caída de Ben Alí, Túnez
es otro país. La llegada de los derechos civiles y las libertades
democráticas ha venido acompañada de un aumento de la pobreza, la
inestabilidad y el auge del islamismo, un movimiento político que había
sido prohibido y reprimido durante la dictadura y que hoy, con el
partido Ennahda, gobierna el país en un tripartito con dos formaciones
laicas. Pero hay una herencia que los islamistas cargan sobre sus
espaldas: la deuda contraída durante los 23 años de mandato de Ben Alí.![]() |
Una activista tunecina muestra la imagen de Chukri Belaid, asesinado por los islamistas el mes pasado |
Mientras Ennahda se erige ante los tunecinos como defensor de la moralidad y los
principios del Corán trata al mismo tiempo de salvaguardar un modelo
económico muy similar al que ha dominado el país durante las últimas
décadas y acallar las voces que en la primavera de 2011 derrocaron a la
dictadura pidiendo dignidad y trabajo. En esta estrategia, los
islamistas cuentan con el apoyo de los dos principales partidos laicos.
Mientras, la oposición de izquierda se ha reorganizado en el Frente
Popular, al que se han unido 12 partidos y que las encuestas sitúan como
una fuerza capaz de lograr el tercer puesto en el Parlamento.
"Con
la revolución que derrotó a la dictadura de Ben Alí el pueblo tunecino
aspiraba a acabar con el paro y la misera. El pago de la deuda es lo que
nos impide atender a las necesidades de la mayoría de la población.
Porque la deuda que dejó Ben Alí es a la que se somete el Gobierno
actual en las negociaciones con el FMI". Así lo afirmaba este sábado el
líder del Frente Popular (FP), Hama Hammami, en la rueda de prensa
previa al al Foro Mediterráneo contra la Deuda, un encuentro al que han
acudido partidos progresistas de ambos lados del mar y de América Latina
para trazar alianzas y compartir experiencias de oposición a la
austeridad y que terminó este domingo en un multitudinario mitin en el
Palacio de Congresos de la capital tunecina.
"El pago de la deuda es lo que nos impide atender a las necesidades de la población" "La deuda forma parte de la estrategia contrarrevolucionaria coordinada por la troika
europea (Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario
Internacional), ejecutada por el Ejecutivo tripartito liderado por
Ennahda y con la ayuda de Arabia Saudí y Emiratos Árabes", afirmó
también Hammami. Y por eso, desde su formación apuestan por suspender el
pago durante tres años y en este tiempo llevar a cabo una auditoría
para ver qué parte de la deuda no fue contraída en beneficio de la
mayoría y negar su pago. También Fatih Chamki, número dos del Frente, se
mostró convencido de que "los partidos que defienden a los movimientos
populares han de adoptar un programa común contra la deuda".

Asesinatos políticos
Este
encuentro, que se ha celebrado los días previos al Foro Social Mundial,
que este año tiene lugar en la cuna de la Primavera Árabe, también ha
servido como una muestra de solidaridad internacional por el asesinato
el mes pasado del dirigente del FP, Chukri Belaid, a manos presuntamente
de los islamistas radicales y que se ha convertido en el mártir de la
izquierda tunecina. Su cara es visible en las miles de pancartas,
estampas y chapas que llenan los lugares de encuentro de los activistas.
En el mitin, el asiento de al lado de Hammami estaba ocupado por su
retrato y las decenas de jóvenes que durante semanas se habían volcado
en la organización del acto lloraron puño en alto cuando se proyectó un
vídeo en su recuerdo.
"Si la Primavera Árabe
comenzó en Túnez, la continuación de la revolución con la oposición al
pago de la deuda puede comenzar aquí también" "Chukri Belaid no
ha muerto,vive en el pueblo que lucha por su dignidad", afirmó ante
miles de tunecinos Manuel Monereo, el representante de Izquierda Unida
en el mitin. Junto a él, también intervinieron Quim Arrufat, diputado de
la CUP en el Parlament de Catalunya; Urko Aiartza, senador de Amaiur
por Gipúzkoa, y Miguel Urbán, de Izquierda Anticapitalista. "La
solidaridad internacional es fundamental para la izquierda en este
momento. No podemos dejar que los únicos internacionalistas sean las
grandes finanzas y los islamistas", explicaban tras el mitin Urbán y
Judith Carreras, una de las organizadoras españolas. "Han matado a un
dirigente de la principal fuerza de izquierda en este momento en el
mundo árabe y hemos venido a mostrar nuestra solidaridad. Si la
Primavera Árabe comenzó en Túnez, la continuación de la revolución con
la oposición al pago de la deuda puede comenzar aquí también".
Como resultado de las reuniones mantenidas en este Foro contra la Deuda
se ha acordado crear un comité formado por todas las organizaciones
participantes y una siguiente reunión que se celebrará este año en
España. Carreras explica cómo "una de las cuestiones que más
controversias ha causado a la hora de elaborar el manifiesto ha sido el
conflicto en Siria", aunque al final se ha resuelto con una propuesta de
consenso que apoya a la revolución del pueblo sirio y condena la
injerencia extranjera". En cuanto a la deuda, Urbán añade que "ha habido
una predisposición en todo momento de llegar a acuerdos. Y esto denota
la emergencia social de este momento histórico, que hace que sea muy
fácil acercar posturas".
Gibram Dhawedi, uno de los jóvenes
que ha pasado varios días sin dormir para preparar este encuentro,
asegura que el objetivo de los islamistas con el asesinato de Belaid es
"infundir el miedo: atacan a militantes de izquierda, estudiantes y
periodistas. Son los enemigos de la prosperidad en Túnez". Este joven
cree que Ennahda "quiere una guerra civil contra la izquierda tunecina" y
por eso alienta a los salafistas a cometer crímenes como éste y
desestabilizar la situación en las calles mientras ellos se hacen
fuertes en las instituciones que dejó Ben Alí y que no han sido
completamente transformadas. Porque para él, igual que para muchos otros
tunecinos que repiten las mistas palabras, lo que está intentando hacer
Ennahda es "implantar una dictadura que sustituya a la anterior, con
contenido moral reaccionario y plegada a los intereses del FMI".