por Jérôme Duval
Traducido por Ana Atienza y publicado en Tlaxcala
Traducido por Ana Atienza y publicado en Tlaxcala
En España, diga
lo que diga el gobierno en cuanto a crecimiento y relanzamiento de
las exportaciones, no faltan motivos para mostrar descontento. Como
botón de muestra, según el informe de Cáritas,
en este momento hay tres millones de personas que viven con menos de
307 euros al mes. Esta cifra es el doble de la que había al
principio de la crisis en 2007. Los tejemanejes políticos del
gobierno son causa de un conflicto social permanente; la cólera del
pueblo provocada por los sembradores de miseria del poder crece sin
parar.

Exasperados por tantas injusticias sociales,
activistas venidos de todas las regiones de España decidieron
emprender una larga marcha reivindicativa hacia Madrid. Las Marchas
de la dignidad comenzaron su andadura el 28 de febrero en
protesta contra los austeros recortes presupuestarios aplicados para
hacer frente al pago de la deuda, recortes que han degradado los
servicios sociales básicos. El Manifiesto
hizo un llamamiento a la movilización contra este “sistema injusto
de producción y distribución de la riqueza”. Las consignas
“¡Fuera los gobiernos de la Troika!”, “¡Pan, trabajo y techo
para todos y todas!” o “¡No al pago de la deuda!” se
multiplicaron en las pancartas de los manifestantes. Fueron por
ciudades y pueblos relacionándose con las personas que se
encontraban en el camino y transformaron la exasperación en acción:
la célebre consigna surgida de las acciones victoriosas contra los
desahucios, “¡Sí se puede!”, resurgió con fuerza. Las columnas
se fueron engrosando poco a poco, y nuev@s caminantes se sumaron al
cortejo. La energía estuvo ahí, en ebullición, pero los grandes
medios de comunicación no reflejaron lo sucedido: el día de la
llegada de las marchas a Madrid prefirieron abrir los boletines de
noticias con la muerte de Adolfo Suárez, el que fuera primer
presidente tras el dictador Franco.
Movilización
de masas
No deja de ser llamativa la ausencia de los
dirigentes de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, sin duda
demasiado ocupados en negociar con la patronal y el gobierno. La foto
de estos dirigentes sindicales (Toxo y Méndez) sentados en torno a
la mesa de negociaciones por el “diálogo social” con Rajoy y
Juan Rosell de la CEOE (entidad que representa a los empresarios) en
el preciso instante en que las marchas entraban en Madrid resulta
chocante. Es todo un símbolo. Una movilización de masas de este
calibre, transversal, diversa, al margen de los grandes aparatos
sindicales y del PSOE, aglutinando conscientemente a l@s de abajo,
parece marcar un giro hacia la radicalización del movimiento social
de izquierda. El 22M ha marcado el camino a seguir para agrupar al
Estado español, cuyos territorios se han unido por la dignidad y
contra la austeridad.
Por otra parte, las Marchas de la Dignidad han sido
una piedra en el zapato para el Partido Popular en el poder. El
presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, incluso se
atrevió a decir que las políticas que estimulan la economía y
frenan el paro constituyen "la mejor manera de dar dignidad a
los españoles", y que las reivindicaciones de las Marchas se
encontraban en el programa del partido neonazi griego Amanecer
Dorado. El actor Willy Toledo, que participó en las Marchas, le
respondió con razón que si buscaba nazis, no tenía más que echar
un vistazo a las listas de su propio partido, el PP, plagado de
franquistas |1|.
El 22 de marzo las columnas se unieron y convergieron
hacia Atocha, próxima al centro de la capital: la columna noroeste
procedente de Asturias, Galicia, Cantabria y Castilla y León; la
columna norte desde La Rioja, Euskadi y Burgos; la columna noreste
que venía de Aragón, Navarra y Cataluña; la columna de Andalucía
por el sur, y la del oeste, de Extremadura y Castilla-La Mancha. La
afluencia fue enorme. Comenzó así la gran manifestación hacia la
plaza de Colón, donde se congregaban varios cientos de miles de
personas.
Según la comisión de comunicación de las Marchas,
se fletaron 754 autobuses --de los cuales cerca de un centenar
sufrieron retrasos por culpa de la policía en las inmediaciones de
la capital-- y cuatro trenes para la última etapa que unía a las
distintas marchas. La comisión legal del 15M (movimiento
“indignado”) de Madrid puso en marcha un equipo de 30 abogados de
guardia mientras el gobierno desplegaba un dispositivo récord de
1700 agentes antidisturbios (Unidad de Intervención Policial,
UIP), muchos más que el 25 de septiembre de 2012 para la
movilización “Rodea el Congreso” contra la aprobación del
presupuesto antisocial del gobierno.
Mucho antes de que concluyera la manifestación
legalmente autorizada, y mientras el coro y la orquesta de la
Solfónica seguían
actuando en la Plaza de Colón, la policía intervino violentamente
irrumpiendo en la plaza |2|.
Los servicios de limpieza se pusieron en marcha y el campamento
improvisado de manifestantes quedó también arrasado por la policía.
Los grandes medios de desinformación hicieron el resto para
desacreditar a un movimiento de masas profundamente pacífico, aunque
los enfrentamientos del final de la manifestación se saldaran con un
centenar de heridos --de los cuales 17 personas tuvieron que ser
hospitalizadas-- y 29 detenciones por “agresión a las fuerzas
del orden y vandalismo”.

Mariano
Rajoy con el presidente de la Confederación Española de
Organizaciones Empresariales (CEOE), Juan Rosell, la ministra de
Empleo Fátima Báñez, el secretario general de UGT, Cándido
Méndez, y el secretario general de Comisiones Obreras, Ignacio
Fernández Toxo.
No deja de ser llamativa la ausencia de los
dirigentes de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, sin duda
demasiado ocupados en negociar con la patronal y el gobierno. La foto
de estos dirigentes sindicales (Toxo y Méndez) sentados en torno a
la mesa de negociaciones por el “diálogo social” con Rajoy y
Juan Rosell de la CEOE (entidad que representa a los empresarios) en
el preciso instante en que las marchas entraban en Madrid resulta
chocante. Es todo un símbolo. Una movilización de masas de este
calibre, transversal, diversa, al margen de los grandes aparatos
sindicales y del PSOE, aglutinando conscientemente a l@s de abajo,
parece marcar un giro hacia la radicalización del movimiento social
de izquierda. El 22M ha marcado el camino a seguir para agrupar al
Estado español, cuyos territorios se han unido por la dignidad y
contra la austeridad.
Por otra parte, las Marchas de la Dignidad han sido
una piedra en el zapato para el Partido Popular en el poder. El
presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, incluso se
atrevió a decir que las políticas que estimulan la economía y
frenan el paro constituyen "la mejor manera de dar dignidad a
los españoles", y que las reivindicaciones de las Marchas se
encontraban en el programa del partido neonazi griego Amanecer
Dorado. El actor Willy Toledo, que participó en las Marchas, le
respondió con razón que si buscaba nazis, no tenía más que echar
un vistazo a las listas de su propio partido, el PP, plagado de
franquistas |1|.
El 22 de marzo las columnas se unieron y convergieron
hacia Atocha, próxima al centro de la capital: la columna noroeste
procedente de Asturias, Galicia, Cantabria y Castilla y León; la
columna norte desde La Rioja, Euskadi y Burgos; la columna noreste
que venía de Aragón, Navarra y Cataluña; la columna de Andalucía
por el sur, y la del oeste, de Extremadura y Castilla-La Mancha. La
afluencia fue enorme. Comenzó así la gran manifestación hacia la
plaza de Colón, donde se congregaban varios cientos de miles de
personas.
Según la comisión de comunicación de las Marchas,
se fletaron 754 autobuses --de los cuales cerca de un centenar
sufrieron retrasos por culpa de la policía en las inmediaciones de
la capital-- y cuatro trenes para la última etapa que unía a las
distintas marchas. La comisión legal del 15M (movimiento
“indignado”) de Madrid puso en marcha un equipo de 30 abogados de
guardia mientras el gobierno desplegaba un dispositivo récord de
1700 agentes antidisturbios (Unidad de Intervención Policial,
UIP), muchos más que el 25 de septiembre de 2012 para la
movilización “Rodea el Congreso” contra la aprobación del
presupuesto antisocial del gobierno.
Mucho antes de que concluyera la manifestación
legalmente autorizada, y mientras el coro y la orquesta de la
Solfónica seguían
actuando en la Plaza de Colón, la policía intervino violentamente
irrumpiendo en la plaza |2|.
Los servicios de limpieza se pusieron en marcha y el campamento
improvisado de manifestantes quedó también arrasado por la policía.
Los grandes medios de desinformación hicieron el resto para
desacreditar a un movimiento de masas profundamente pacífico, aunque
los enfrentamientos del final de la manifestación se saldaran con un
centenar de heridos --de los cuales 17 personas tuvieron que ser
hospitalizadas-- y 29 detenciones por “agresión a las fuerzas
del orden y vandalismo”.
Pero esta no fue la enésima manifestación-procesión
sin consecuencias, sino un proceso constructivo y orientado a la
acción. A la mañana siguiente, una asamblea popular reunió a cerca
de un millar de personas y decidió organizar otras asambleas en las
plazas de los barrios de todos los lugares posibles en apoyo a l@s
inculpad@s. Una de estas asambleas se transformó en manifestación
esa misma tarde en la emblemática plaza de la Puerta del Sol, cuya
estación de metro fue rebautizada en mayo de 2013 con el nombre de
“Vodafone Sol”. Igualmente, todo un símbolo...
Nota
|1|
El País, 20 de marzo de 2014, Ignacio
González equipara las Marchas de la Dignidad con los neonazis
griegos.